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miércoles, 16 de mayo de 2012

En tiempos de Robin Hood


Robin Hood formó parte de un grupo de personajes que se han hecho populares por haber quedado fuera de la ley. Cuando las leyes que existen en cierto momento de la historia responden sólo a los deseos y necesidades del grupo que las dictó, se vuelven leyes tiránicas para muchos de los demás miembros de la sociedad.Es entonces cuando los "fuera de la ley" se transforman en personajes populares.
El bosque de la Edad Media en la época de Robin, era una extensa superficie, en parte arbolada y en parte deshabitada. Aunque muchos temían atravesar los bosques, se los preservaba principalmente para que el rey y su corte pudiesen practicar allí su deporte favorito: la caza. Este territorio era el refugio ideal para quiénes por una u otra razón quedaban al margen de la ley.
Algunos afirman que Robin Hood, ya en su época, era considerado un héroe, su historia no estaba escrita pero se la contaba de boca en boca y el pueblo le atribuía grandes hazañas. Otros señalan, en cambio, que Robin es una figura poética producto de la imaginación de los trovadores que inventaron numerosas baladas donde reflejaban los deseos de libertad de los pequeños propietarios ingleses, muy acosados por los normandos.
De una u otra manera, la leyenda de Robin ha alcanzado gran difusión: además de ser protagonista de las baladas medievales, lo es de sesenta versiones de la novela que llevan su nombre, de treinta piezas teatrales, siete ópreas y, en nuestra época, de varias películas y series de televisión.
Los normandos eran un pueblo procedente de lo que actualmente es el territorio francés. En el año 1066, cruzaron el Canal de la Mancha, que no se llamaba entonces así, e invadieron Inglaterra, la tierra de los  sajones. 
Un siglo después, Enrique II, de origen normando, llegó a ser rey de Inglaterra, a pesar de la resistencia constante de los sajones.
Enrique II tuvo dos hijos: Ricardo, heredero del trono, y Juan, a quien se llamó "Sin Tierra". 
Al morir Enrique, en 1189, su hijo Ricardo fue coronado rey y trató de asegurar leyes igualmente justas para normandos y sajones. Sin embargo, a poco de comenzar su reinado, encabezó la Tercera Cruzada, una poderosa expedición militar, y al frente de ella se dirigió a Tierra Santa.
En su ausencia, encomendó a su hermano, Juan Sin Tierra, el reinado de Inglaterra. Para captarse el favor de los nobles y adquirir dinero, Juan no vaciló en perseguir a los sajones, enfrentar a los normandos que manifestaran su fidelidad al rey Ricardo y en exigir el pago de grandes impuestos a los campesinos desamparados
Robin Hood no pudo permanecer indiferente ante estas crueles injusticias…


miércoles, 9 de mayo de 2012

Entre normandos y campesinos

 
En la época de Robin Hood, los nobles y los clérigos tenían gran  poder. Sin embargo, constituían sólo una minoría. La mayor parte de la gente eran campesinos o aldeanos que vivían en chozas, en pequeñas granjas o en los pueblos que crecían en los alrededores de
los mercados. 
Si hubiésemos nacido en la Edad media, seguramente hubiéramos sido podres aleanos, como los miembros de la banda de Robin que se unían a él para defenderse de los señores, príncipes, caballeros, abades, que era los dueños de casi todo.
 

El noble o señor dominaba todal atierra de un feudo o propiedad. El señor del feudo era un noble que, según la extensión de tierras que dominara, recibía distintos títulos -duque, marqués, conde, barón o caballero-.
El señor dominaba un pueblo pero no le pertenecía, lo administraba y juraba lealtad a otro señor más poderoso que él -que podía ser el rey - a cambio de protección.
El señor vivía en una gran casa o castillo lo suficientemente fuerte para defenderse.
 
Los campesinos tenía que pagarle al señor más cercano por la tierra que cultivaban. Es decir que no sólo debían trabajar sus tierras sino también las del señor como paga por los terrenos recibidos.
Cuando iban a trabajar a la "casa grande" o castillo, a veces, les tocaba arar la tierra, construir cercos, cargar leña, cortar árboles,  juntar frutos o ayudar en la construcción de alguna nueva dependencia. 
Muchos aldeanos eran siervos y no podían dejar el feudo sin el permiso del señor pues él podía obligarlos a volver y castigarlos.